miércoles, 14 de diciembre de 2016

Día

Las calaveras atufan su mierda,
puede que no crean en nada
pero crean. 
Y caminan a paso fijo, 
mirando el tallo verde
que empuja el gris asfalto.
No paran,
tienen prisa 
pero lo pisan 
creyendo creer 
que no han hecho
ningún daño
porque no se han parado
a arrancarlo.

Se me ha cruzado un gato pardo
mientras las gotas
desbordaban mis ojos.
El cielo llora
mientras me seca
las lágrimas con las suyas.

La angustia viene de aquí,
quizá el viento busque allá
acariciar mi cara 
con sus manos frías 
de uñas mordidas.

Nuestros filos
han navajeado 
la figura de la luna 
hasta hacerla 
cadavéricamente 
palidecer.

Sus mares
surcan mi piel
helándome 
hasta volverme azul 
también.

La hierba me resbala 
y me hace cosquillas  
cuando el sonido 
de mis carcajadas 
espantan dos alas.

Y las ramas cursivas 
no dejan de bailar 
con más ritmo
y fuerza
que nuestros 
vals.





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