lunes, 10 de diciembre de 2018

Presente

Hoy siento que soy una buena zorra
de estas indestructibles
que caminan por la calle
o el monte
con la cabeza alta
pies suaves
lengua víbora
y una mirada de lince.

Porque ya no me importa nada
y apuesto con todo
por todo aquello que en el momento 
me plazca.

Que la vida son dos días
y que quién me va a decir a mí
que no haga con ella lo que me salga del coño.

Mi gozo,
aquel que se ha tropezado mil veces,
que parece que tiene una atracción
sobrenatural a caer en el pozo,
lo he recogido todas
con un impulso tremebundo
que se ha expandido
por prácticamente todos los rincones 
que me conforman:
desde mis ingles,
manos y cuello
hasta por mi día a día,
por la tristeza y el extasis
en mi orden, anarquía...
Casi como una perspectiva,
una cosmovisión
o quizás sea como una forma de vida.

Disfruto y elijo
con los pies enraizados a la tierra
como las raíces de una planta de agua,
que no se atan
ni encadenan
si no que me mantiene a flote
navegando
con o sin rumbos
con las veletas a veces torcidas
y trescientasmil anclas
para ir a donde quiera
y pararme cuando sea
por mucho pueda costar
algo más de la cuenta.

Cuando me preguntaron,
yo elegí la vida
a cualquier precio.
Y la condena de continuar
sabiendo todo,
transmutó en un ser-yo la dueña
de mi misma
con orgullo de mí,
siendo una soñadora del futuro
con las herramientas de un pasado
que permiten saborear mi instante,
con unas ganas locas de seguir luchando,
sabiendo que ganaré
tantas veces como perderé.
Porque perdí el miedo a equivocarme
porque frente a todo,
cuando miro el cielo,
y está lloviendo
tronando
nublado
o me ciegue el sol
continuo viendo la belleza,
reafirmándome constantemente
que mi alegría
merece la pena.